MONS. luis armando collazuol
 

-Nacido el 10 de Febrero de 1948 en la ciudad de Rosario.

-Hijo de Gino Collazuol y de Elma Lenarduzzi. Tiene siete hermanos.

-Realizó sus estudios primarios en la Escuela Provincial Nº 775 Víctor Mercante, y sus estudios secundarios en el Instituto Politécnico Gral. San Martín (ambos lugares pertenecientes a esta ciudad), donde se recibiera de Técnico Constructor.

-Ingresó al Seminario San Carlos Borromeo, (Cap. Bermúdez) Arquidiócesis de Rosario, el 13 de Marzo de 1967.

-Fue ordenado sacerdote en la Iglesia Catedral de Rosario, el 29 de Setiembre de 1974.

-Licenciado en Teología Dogmática (Facultad de Teología del Norte de España - Sede de Burgo) 1976.

-Nombrado Obispo Titular de Elo y Auxiliar de la Arquidiócesis de Rosario, el 31 de Diciembre de 1997.

-La Ordenación Episcopal fue el día 27 de Marzo de 1998.

-Fue nombrado Vicario Gral. de la Arquidiócesis de Rosario (Marzo 1998).
-Fue profesor de Teología en el Seminario Arquidiocesano de Rosario, desde 1977.

Fue:
-Cura Párroco de la Parroquia "Nuestra Señora del Carmen" de Timbúes (1976-1992).
-Cura Párroco de la Parroquia "San Miguel Arcángel" de la ciudad de Rosario (1993-1998).
-Asesor Diocesano Area Adultos de la Acción Católica y Asesor del Consejo Arquidiocesano (1996/1999).
-Miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores.
-Decano del Decanato San Lorenzo (1984/1990).
-Decano del Decanato Oeste de Rosario(1994/ 1997).

 

Fue designado Obispo titular de Concordia el 21 de Julio de 2004, tomando posesión el 11 de Octubre del mismo año.

 

ESCUDO EPISCOPAL
El sentido del escudo episcopal de la descripción de la armadura del cristiano hecha por San Pablo en Ef. 6,10-17: “Fortalézcanse en el Señor… Revístanse con la armadura de Dios… Tengan siempre en la mano el escudo de la fe…”

Llamado al ministerio en los umbrales del tercer Milenio, el Obispo siente con la Iglesia que lo dos mil años del nacimiento de Cristo representan un Jubileo extraordinariamente grande para los cristianos y para toda la humanidad, y una apremiante exigencia de Nueva Evangelización.

El canto de los ángeles en Belén es el primer anuncio de la Buena Nueva: “les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor… ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por El!” (Lc 2,11-14).

El Obispo toma como Lema el canto angélico y lo hace suyo: GLORIA A DIOS, PAZ A LOS HOMBRES.

¡Gloria a Dios! Esa gloria es llevar a cabo, con Cristo, la obra encomendada por el Padre (Jn 17,4).

¡Paz a los hombres!, porque el don de la Salvación eleva al hombre a la reconciliación con Dios, con los hermanos, con la creación. “La gloria de Dios es el hombre que vive” (San Ireneo).

“Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre” (Heb. 13,8), y, en nuestro tiempo, con renovado ardor debe ser proclamado a todos los hombres como el único Salvador.

“Cristo es nuestra paz”; El la restableció “por medio de la cruz” (Ef. 2,14-16). Por eso en el lema la palabra paz envuelve la cruz con la que está timbrado el escudo, la primera plantada en Latinoamérica. En la armadura propuesta por San Pablo lo que corona el Escudo es el “casco de la salvación” (v.17).

El Blasón se asienta sobre la “divisa” que porta el Lema, que representa las sandalias: “calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz” (v.15).

El escudo ostenta en campo de gules una Espiga de oro, y lleva bordura dorada orlada por quince rosas encarnadas. En heráldica, la bordura es la cota que San Pablo enseña a llevar: “vistan la justicia como coraza” (v.14).

La espiga representa a Cristo en su Pascua (Jn. 12,24): Cristo, grano que muere para dar Vida; espiga a Cristo en su Pascua (Jn 12,24): Cristo, grano que muere para dar Vida; espiga resucitada que nos engendra en El para ser Iglesia, grano hecho Pan Eucarístico que desciende del Cielo y da Vida al mundo. Para ser grano fecundo es necesario crecer en la espiga, en Cristo, en la Iglesia.

La espiga es también símbolo de la vida sacerdotal “en Cristo”. El sacerdocio se realiza plenamente en la Eucaristía, fuente de gracia y cumbre de comunión eclesial.

Cristo es la espiga que brotó en el campo virgen de María. El centro rojo del Escudo representa el seno de María, en color del fuego del Espíritu que madura el trigo.

Las quince rosas que orlan la espiga representan el Rosario, los misterios de la vida de Jesús, único Redentor del mundo, creídos y vividos en la piedad mariana de nuestro pueblo. En la “bordura”, que significa la coraza, nadie puede poner el rojo. Sólo tiene derecho a usarlo quienes alguna vez tachonaron la cota con su propia sangre. María, embellecida con la sangre del Calvario, tachonó su vida con los misterios de su hijo.

Cuando un escudo orlado lleva solo figura “en jefe”, o sea, en el centro, que es el lugar de la espada (“la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”, v.17), se dice que está “en abismo”. El “abismo” es el más profundo anonadamiento del Hijo, Palabra eterna de Dios hecha carne (Flp. 2,611; Jn 1-14). La espada de la Palabra (Ap 1,16; 19,15) vive en la Espiga Eucarística.

El Lema de “Gloria” y “Paz” fue cantado en Belén, “casa del pan”. Allí estuvo Jesús, Pan vivo, en el copón y la custodia: el seno y los brazos de María.

El Rosario y la Cruz son memoria y signo de la evangelización de estas tierras. La ciudad y la Arquidiócesis toman el nombre de su fundadora, la Virgen María.

 

 
     
 

 
     
 

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