ARZOBISPADO DE ROSARIO

CELEBRACIÓN DE CORPUS CHRISTI



LA EUCARISTÍA ES LO MAS VALIOSO QUE LA IGLESIA
TIENE EN SU CAMINAR POR LA HISTORIA

PROXIMA ORDENACIÓN SACERDOTAL


En la misa de Corpus Christi celebrada frente a la Catedral de Rosario, y en la procesión, que este año se extendió varias cuadras más, participó un gran número de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos; por lo que una multitud de sacerdotes, religosas, rleigiosos y fieles acompañó la custodia con el Santísimo Sacramento por las calles de Rosario, inclusive cruzando la tradicional peatonal Córdoba.

Fue grande la presencia de jóvenes de la pastoral universitaria, y de varios movimientos arquidiocesanos, así como de los niños de los colegios parroquiales. Como en los últimos años, el Santísimo se llevó en una custodia que se destacaba entre la multitud. En razón de la culminación del año sacerdotal, el Arzobispo de Rosario centró su homilía en la Eucaristía y en el don del sacerdocio, y anunció que en la Arquidiócesis, como adhesión a la Misa de clausura que celebrará el Santo Padre Benedicto XVI el próximo 11 de junio, se celebrarán las Ordenaciones de dos nuevos sacerdotes, en la Iglesia de San Cayetano, que a partir del 7 de agosto próximo será declarada santuario arquidiocesano.

Asimismo, al terminar la Misa anunció que en el mes de octubre se realizará enla Arquidiócesis un Congreso catequístico .


En la homilía, Monseñor Mollaghan manifestó que la Eucaristía, es lo más valioso que la Iglesia tiene en su caminar por la historia. De aquí que Cristo en la Eucaristía, el tesoro más grande, debe custodiarse también en el centro de nuestra vida.

Para ello, expresó, necesitamos en nuestro corazón, un cambio, y una transformación personal. Y podemos decir que la Eucaristía es el eje central de nuestra transformación diaria, capaz de renovar nuestra vida y la vida social: para que la violencia se transforme en amor y la muerte se transforme en vida. De este modo, la Eucaristía a la vez que nos redime, puede despertar este cambio del corazón y de la vida, que debe contar siempre con nuestra respuesta personal.


La Eucaristía es la fuente de la unidad y la comunión

Así como en la última Cena, Jesús dejó a sus discípulos el gran regalo de la Eucaristía, memorial de la entrega de su vida, alianza nueva y definitiva de amor; hoy junto a ustedes, queridos sacerdotes, vamos a renovar por la acción de Cristo sacerdote, su presencia eucarística entre nosotros, el sacramento de la unidad; fuente de nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Por la Eucaristía, somos llamados a ser uno en Cristo, y esta unidad es esencial en nuestra vida de cristianos; no porque seamos de una misma raza, ni por tener una misma cultura, ni las mismas profesiones, ni las mismas opciones; sino “Porque aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo, pues todos participamos de un solo pan » (1 Co 10, 16-17).


Adorarlo profundamente, y abrir los ojos para reconocerlo

Posteriormente invitó a adorarlo profundamente y abrir los ojos para reconocerlos, y expresó : La Eucaristía es nuestra alegría de hoy, la alegría de la Iglesia, ya que al adorar al Santísimo Sacramento, reconocemos la presencia real y permanente de Jesús, sumo y eterno Sacerdote.

Su presencia viva nos invita a vivir como Iglesia, a adorarlo personalmente y como como comunidad de salvación, ya que “tiene cotidianamente una importancia destacada y se convierte en fuente inagotable de santidad” (Ecc. De Euc. Nº 10). El Señor también nos pide abrir los ojos para reconocerlo en los más débiles, en los más pobres, y en los enfermos, como siempre hicieron los santos, ya que también en el más pequeño y humilde encontramos al mismo Jesús.

Por esto, como nos enseñan los Padres de la Iglesia, así como hoy celebramos con piedad y adoramos a Jesús en el altar; que nunca consintamos verlo sufriente, o enfermo; con hambre o desnudo; necesitado o débil en nuestros hermanos (cfr. DA 354).

Al terminar la homilía expresó:

Quisiera que esta adoración de hoy, cuando llevemos a Jesús por las calles, llenos de alegría por su inmenso amor, sea para todos nosotros una humilde confesión de fe y de amor a la Iglesia; ya que adorarlo es el acto supremo de nuestro amor. Y a la vez, que sea también para esta Iglesia diocesana y para todos sus fieles un motivo de profunda alabanza, de gozo verdadero, de aprendizaje permanente, y de un anuncio misionero vivido con nuevo ardor.

El nos asoció a todos en la unidad de su Cuerpo, por eso agradecemos a Dios por nuestros sacerdotes, que El ha querido llamarlos y elegirlos para continuar la misión que le encomendó a los apóstoles, misión de misericordia y perdón, de amor hasta la cruz.

La Santísima Virgen, que intercede por nosotros, nos guíe por el camino de la adoración de su Hijo Jesucristo, y transforme nuestra vida y nos haga vivir con esperanza.

 

 

LEER LA HOMILÍA DE
MONS. MOLLAGHAN


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