CULMINACIÓN DEL AÑO JUBILAR ARQUIDIOCESANO
EN EL DÍA DE PASCUA 2010

Oración ante la venerada imagen de la Sma. Virgen del Rosario
La Arquidiócesis de Rosario culminó el Año Jubilar arquidiocesano, que había comenzado en el Adviento de 2008, y que se extendió hasta la Misa de Pascua de 2010; conmemorando durante este año tanto la creación de la Diócesis en abril de 1934, así como el comienzo del funcionamiento de la misma en marzo de 1935, siendo su primer obispo el Cardenal Antonio Caggiano; al que siguieron Monseñor Silvino Martinez, Monseñor Guillermo Bolatti, Monseñor Jorge Mauel López , Monseñor Eduardo Mirás, y el actual Arzobispo, Monseñor José Luis Mollaghan.
Durante este año, los fieles pudieron alcanzar la indulgencia plenaria, tanto en la Iglesia Catedral como en algunas de las parroquias jubilares en cada Decanato, y la clausura del año contó con la bendición papal e indulgencia Plenaria concedida por el Sumo Pontífice.
La Misa crismal del año 2009 y del año 2010, fueron dos momentos dedicados especialmente al año jubilar; así como la Misa del 7 de octubre pasado, celebración patronal de la Sma. Virgen del Rosario, que fue presidida por el Señor Nuncio Apostólico, Monseñor Adriano Bernardini en la Plaza de la Coronación de Rosario.
En la homilía de clausura el Arzobispo expresó la alegría por la Resurrección de Jesucristo. Deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los fieles, y por la gracia sigamos su anuncio salvador; y llegue particularmente a quienes están debilitados en su fe, o no lo concocen;, a quienes viven desanimados, o a quienes no tienen fortaleza, sobre todo, la fuerza para sobrellevar las pruebas, y superar lo que es injusto e inhumano.
Que la sabiduría de este día ilumine a quienes nos gobiernan y guían nuestros pueblos , se superen las divisiones actuales, se alcance una solución satisfactoria a los conflictos que perduran, haya una disponibilidad al encuentro y al diálogo, aún respetando las diversas posiciones, y se busque el bienestar de todos los argentinos, particularmente al celebrar el bicentenario de la Patria. Todos debemos construir una Nación para todos; y sabemos ciertamente que la fe también nos ayuda ser mejores ciudadanos.
La Iglesia es madre y servidora, y refleja y anuncia el don de la unidad, que encuentra en Dios su fuente , su modelo y su destino, por ello resulta significativo su llamado a la reconciliación y comunión en la vida de nuestros pueblos.
Sobre el jubileo arquidiocesana que culminaba, expresó
que este tiempo de gracia se celebró con simplicidad y profunda espiritualidad, como un acontecimiento eclesial en nuestras familias, parroquias y comunidades religiosas, siguiendo las enseñanzas del Papa Benedicto XVI, de Navega Mar Adentro y en adhesión a la Misión continental. El año jubilar fue dejarse guiar por la acción del Espíritu Santo, a fin de que todos puedan acrecentar con más profundidad el llamado a ser discípulos y misioneros.
Tanto la etapa preparatoria, en la que se fueron delineando las principales actividades del año 2009; así como la segunda etapa de la catequesis en orden a la misión, que comenzó en la Misa crismal del año 2009, llevando la imagen peregrina de la Virgen del Rosario, a nuestras parroquias, y a nuestros pueblos y ciudades, que continuará, Dios mediante en los próximos años; fueron un verdadero bien pastoral que nos dejó la celebración del Año jubilar. También fue significatiova la tarea jubilar y la adhesión en las escuelas y colegios de la Arquidiócesis, y la participación de la Junta de Educación Católica.
También el lema del Año jubilar puso de relieve en la iglesia diocesana la piedad mariana, que se vivió en las ciudades y pueblos que la componen, deseando escuchar la Palabra de Dios, y anunciando a Jesucristo con renovado ardor, a quienes están más alejados, como misioneros suyos: " Con la Virgen del Rosario, la familia diocesana escucha la Palabra de Dios y misiona".
Asimnismo pidió por la Patria y por la pronta celebración del Bicentenario en justicia y solidaridad, donde se respeten las instituciones, sin confrontaciones que nos dividan, y se promoviendo los ideales de nuestra Constitución, confiando en la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia.
Finalmente, el Arzobispo pidió por las intenciones del Santo Padre Benedicto XVI, y renovó la adhesión filial a su persona y a magisterio, para el bien de la Iglesia y de la humanidad.
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