ARZOBISPADO DE ROSARIO

Domingo 30 de mayo


Peregrinación arquidiocesana de jóvenes desde Rosario al histórico Convento de San Lorenzo.


“María protege nuestros pasos, tranforma nuestras vidas"


Se realizó hoy domingo 30 de mayo la Peregrinación Rosario-San Lorenzo que partió, a las 7 horas desde la Catedral de Rosario, bajo el lema “María protege nuestros pasos, transforma nuestras vidas", a cuya cabeza iba la imagen venerada de Nuestra Señora del Rosario.

Antes de partir desde la Catedral de Rosario, los jóvenes realizaron un momento de oración, que estuvo a cargo del Pbro. Cristian Salomón, Delegado episcopal para la Pastoral de Jóvenes; y del Arzobispo de Rosario, Monseñor José Luis Mollaghan, que bendijo a los peregrinos.

La peregrinación de este año se ofreció particularmente por el año sacerdotal, y para pedir por las vocaciones; así como por el bicentenario de la Patria. Peregrinaron miles de jóvenes y familias, giuiados por la Pastoral juvenil.

La imagen de la Patrona de la Arquidiócesis fue llevada desde la Catedral hasta San Lorenzo, durante los cuarenta y siete kilómetros de recorrido, rodeado de jóvenes voluntarios y servidores, que tienen a su cargo la peregrinación.

La peregrinación culminó junto al Campo de la gloria, frente al histórico Convento de San Lorenzo, en el que la S. Misa fue concelebrada por los sacerdotes y presidida por el Señor Arzobispo. El Seminario Metropolitano tuvo a su cargo la liturgia.

La peregrinación fue transmitida en directo por FM del Rosario (103.7). Por eso, muchos seguían las oraciones y canciones a través de la radio, y por los móviles que acompañaban la marcha.

El Señor Arzobispo agradeció a las autoridades presentes; así como a la Sra. Intendente de San Lorenzo; a los organizadores y colaboradores de la peregrinación, a la Pastoral de los jóvenes, a las fuerzas de seguridad, y a los voluntarios, etc.



PEREGRINACIÓN DE JÓVENES A SAN LORENZO
HOMILÍA EN LA MISA JUNTO AL HISTÓRICO CONVENTO DE SAN LORENZO
30.V.2010


Queridos jóvenes, queridos hermanos:

Después de una larga peregrinación, ustedes han llegado a los pies de esta cruz de San Lorenzo. Como decimos en el lema de este año, durante el camino experimentamos que: “María guía nuestros pasos y transforma nuestras vidas”.

De todo corazón, quiero felicitar a todos los peregrinos, jóvenes, religiosos, religiosas, familias y sacerdotes, que se unieron a esta peregrinación, y pudieron ofrecer una parte o todo el camino, como un testimonio de fe y de ofrenda a Dios. Así como agradecer al Señor Intendente de San Lorenzo y de Rosario, a las autoridades comunales y fuerzas de seguridad , a los colaboradores y a todos los servidores.

San Lorenzo: lugar es muy significativo para nuestra vida cristiana

Al venir a San Lorenzo, sabemos que este lugar es muy significativo para nuestra vida cristiana, frente al histórico Convento, desde donde cobró fuerza la acción evangelizadora a través de los misioneros; y también para nuestra Nación, ya que en este “Campo de la gloria”, se libró la batalla de san Lorenzo, donde nuestros granaderos tuvieron su bautismo de fuego por defender a la Patria.

Esta doble importancia del lugar donde nos encontramos, que toca lo profundo de nuestra fe, y también la historia de la Nación, nos mueven a tener presente en esta celebración nuestra misión como cristianos; así como la oración por la Patria, que cumple sus doscientos años, y pedir particularmente por ella en la Eucaristía que celebramos.

Domingo de la Santísima Trinidad

Celebramos el domingo de la Santísima Trinidad, que es el misterio central de nuestra fe y de la vida cristiana. Jesús nos enseñó y nos manifestó a lo largo de su vida, que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un misterio eterno de comunión y de amor.

En el Evangelio, la presencia de la Trinidad se manifiesta cuando Jesús se acerca a bautizarse. Mientras el Hijo recibe el bautismo en el Jordán, escuchamos en ese momento la voz del Padre, y contemplamos la presencia del Espíritu. Se abrió el cielo, y se vio al Espíritu Santo que bajaba como una paloma y se posaba sobre Él; y se oyó la voz del Padre, que decía: “Este es mi hijo querido, mi predilecto” (Mateo 3, 16 – 17), al que debemos seguir.

De esta manera, se manifiesta la Trinidad, para que conozcamos y amemos la vida de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y vivamos en comunión con Él; ya que la razón más alta de nuestra dignidad humana consiste en la vocación que tenemos a la unión con Dios. Desde nuestro nacimiento, somos invitados al diálogo con Dios (cfr. GS, n º 19).

También en el Evangelio de San Mateo, Jesús antes de partir al cielo, bendice a sus discípulos diciendo: “vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mateo 28,19-20).

Por el bautismo que recibimos cada uno de nosotros, Dios nos invita a participar de su vida; y espera que respondamos a su donación de amor. Nacidos a la vida nueva, somos llamados a ser sus discípulos y a seguirlo; ser sus misioneros, y anunciarlo a los demás.

Desde ahora debemos vivir este llamado; con una profunda adhesión creyente, gozosa y confiada en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y conocer su presencia en nuestra vida, que un día será nuestro destino en el cielo.

¿Cómo podemos conocer a Dios?

Pero ustedes tal vez se pregunten ¿cómo podemos conocer a Dios ?. En el Evangelio que escuchamos, Jesús nos dice: “Todo lo que es del Padre es mío”, y al mismo tiempo nos anuncia que enviará al “Espíritu de la verdad”.

Para conocer al Padre necesitamos que nos hable Jesús. Él es quien nos revela y nos ha contado quién es Dios; para conocerlo y amarlo.

Jesús nos manifiesta a Dios, al Dios hecho hombre, a Dios con nosotros, al Dios del amor hasta la misma cruz (Benedicto XVI, 13.V.2007, n º 3).

Asimismo, la fe en Jesucristo, también nos da una familia, que es la Iglesia, que tiene como origen y como modelo la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Por esto debemos crecer en el conocimiento de Jesús; para seguirlo, para imitarlo, para formar parte de su Iglesia, para encontrar en Él la vida, y para comunicarla a los demás.

El espíritu de la verdad, que Jesús nos promete, nos ayuda a encontrar el sentido de nuestra existencia, a descubrir los valores fundamentales de las relaciones humanas y a tener una conciencia crítica de nuestra cultura, y ser sujetos activos en la construcción de un auténtico humanismo.

Para este fin, nunca estamos solos, porque el Espíritu, viene en nuestra ayuda; y a la vez que nos invita al encuentro con Dios, también nos acerca a nuestros hermanos, con quienes compartimos la fe; y nos permite amar a todos, en especial a quienes más nos necesitan.

Nuestra época tiene necesidad de sabiduría

La primera lectura nos habla de la sabiduría. Nuestra época tiene necesidad de sabiduría, “creada como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre” (Sab.8,22). ¿Pero podemos hacer algo para que en nuestra cultura haya más sabiduría? Queridos jóvenes, debemos profundizar en la reflexión y en un compromiso profundo, para que la nueva cultura que va emergiendo en este nuevo milenio sea íntimamente evangelizada, se reconozcan los valores verdaderos, se defiendan los derechos del hombre y de la mujer, y se promueva la justicia en las estructuras mismas de la sociedad (cfr. Juan Pablo II, Familiaris Consortio, nº 8).

Para ello necesitamos que el nuevo humanismo no aparte a los jóvenes de su relación con Dios, sino que los conduzca a esta relación de manera más plena. Es necesario recuperar, por parte de todos, la primacía de los valores morales, que son los valores de la persona humana en cuanto tal.

En este momento que vivimos, no puedo dejar de hablarles, queridos hermanos, de revalorizar a la persona y la vida, desde el seno materno; a la familia, fundada en el matrimonio de un varón y una mujer; y al respeto por la dignidad de todos. No son solamente valores cristianos, son valores profundamente humanos, enraizados en la naturaleza a partir de ese primer principio, que nos dice “haz el bien y evita el mal”.

Volver a tener una conciencia moral
Por ello, se necesita volver a tener una conciencia moral que nos permita ser capaces de juzgar y de discernir los modos adecuados para realizarnos según su verdad original, y se convierta en una exigencia irrenunciable (cfr. ib.). Esta verdad está escrita en lo esencial en nuestra misma naturaleza, y no es fruto ni de una construcción cultural, ni tampoco proviene de la fe; aún cuando la Revelación pueda ayudarnos también a conocerla (CEV I º, Dz 3005).

Esta convicción se acrecienta, al saber que el Creador, dispuso todo lo creado al servicio del ser humano, y al querer la dignidad de la persona humana, invita también a respetarla (Gn 1,26-39). (cfr. Ap. Nº 387).

De esta manera, con la indecible gratitud de creer en Cristo, no dejen de acudir a la Palabra de Dios, para fortificar su fe y conocer e fundamento y la grandeza la dignidad del hombre y de la mujer, y su designio sobre la humanidad. ¡Que necesario es para esto conocer la Palabra de Dios, leerla y gustarla, y así tener cerca nuestro al Señor, y encontrarnos con Él.

También necesitamos la catequesis. Por medio de la catequesis de iniciación cristiana, y de cada sacramento conocemos el mensaje de Cristo y la vida de Dios. Por esto, queremos intensificar la formación en la fe, tanto en los niños, en los jóvenes y en los adultos; y celebrar este año un Congreso de catequesis en el mes de octubre, al que desde ya invitamos a todos los catequistas a participar.

Necesitamos adorar la Eucaristía.

Asimismo, queridos jóvenes, también necesitamos adorar la Eucaristía. La adoración eucarística, tanto personal como comunitaria nos permite encontrarnos con el mismo Dios. Por ello, es muy conveniente que la adoración cuente con una catequesis adecuada en la que se nos explique su importancia, ya que nos permite vivir más profundamente y con mayor fruto este tiempo de adoración; y en sus parroquias y capillas tengan un tiempo prolongado de adoración.

Queridos jóvenes, cuento con ustedes para crecer en nuestra diócesis como comunidad de fe, deseando que esta peregrinación nos ayude a crecer en la cercanía de Dios.

Les les pido a ustedes, que afrontan la vida como un descubrimiento continuo, llenos de esperanza, que no se dejen llevar por aquello que los aleje del sentido de la vida y del misterio de Dios, Padre creador, y de Dios Hijo, nuestro redentor, y de la familia humana, a luz del Espíritu de la verdad. Con espíritu decidido cuiden su fe, y comprométanse a ser fieles, ante cualquier espejismo novedoso que quiera apartarlos del espíritu de la verdad, o del paraíso falaz de la droga, del alcohol, del sexo o de la violencia.

Se lo pedimos a la Santísima Virgen del Rosario, para que continúe guiando sus pasos y transforme sus vidas.

+ José Luis Mollaghan
Arzobispo de Rosario


 

 


HOMILÍA DE MONSEÑOR
EN LA MISA

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