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año jubilar arquidiocesano |
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Oración Jubilar |
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Oración del Año Jubilar Arquidiocesano:
Oh Dios Padre, que con tu infinito amor y misericordia
nos has bendecido, desde hace setenta y cinco años
llamándonos a formar esta Iglesia arquidiocesana;
en la que, numerosos fieles de ciudades y pueblos,
que viven desde mucho tiempo antes la fe en Jesucristo,
formaron esta nueva familia eclesial, alimentada con los
sacramentos,
enriquecida con vocaciones,
y un sin fin de carismas y dones.
Somos la iglesia diocesana, formada por tus hijos,
unidos junto a nuestro Obispo y a nuestros sacerdotes y
diáconos,
contando con la vida de los religiosos y religiosas,
extendida entre tantas
familias y fieles laicos; que queremos sembrar la vida
cristiana en este
campo que el Papa nos confió hace setenta y cinco años, y
que sigue
guiando como Pastor Supremo.
Con el deseo de renovar en este Jubileo, el llamado
a vivir como discípulos tuyos,
te pedimos amar profundamente tu Palabra salvadora,
y como hijos e hijas fieles a la voluntad del Padre,
que podamos cada día con renovado fervor,
escuchar y anunciar a Jesucristo vivo.
Concédenos, al celebrar los setenta y cinco años
como familia diocesana,
que el don de tu Espíritu Santo, despierte en nuestros
corazones
un sincero arrepentimiento de lo que no hemos hecho bien,
y de lo que hemos omitido a lo largo de estos años,
en la respuesta a tu llamado y en el amor generoso.
Que alimentados con la Eucaristía, Pan bajado del Cielo,
seamos fieles a Jesucristo vivo, que es
el Camino, la Verdad y la Vida;
y reconociendo su presencia
real y salvadora; crezcamos como Iglesia, de discípulos y
misioneros,
para irradiar la luz de la fe y la esperanza viva.
Y sobre todo, cuando reunidos el domingo, día del Señor,
en torno a tu Palabra y al Cuerpo de tu Hijo,
y se manifieste más plenamente que somos tu Iglesia
diocesana,
la misma que quiso el Señor al darnos su Cuerpo y su Sangre,
animada
por el Espíritu, llamada a ser discípula y misionera, y luz
en la sociedad;
bendice la vida de tus hijos, sus familias, sus tierras y
sus hogares, y
consuela a los más pobres, débiles e indefensos, suscitando
hacia ellos,
la caridad fraterna.
Con la Virgen de Rosario, que nuestra familia diocesana,
escuche tu voz y misione.
Así sea.
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